Triciclo Bonet

El automóvil es un invento con muchos años a sus espaldas, nació en 1886 o así al menos se dice en los libros de historia. Sin embargo, se venía experimentando desde mucho antes con vehículos autopropulsados, sobre todo con motores de vapor. Finalmente fue el motor de combustión el elegido para animar a un invento que ha sido capaz de influir en la sociedad como ningún otro.

Los primeros años de nuestra máquina favorita fueron muy prolíficos, aparecían ‘inventores’ y valientes con sus locos cacharros por doquier, revolucionando una sociedad acostumbrada a los caballos y a las velocidades que podía alcanzar el transporte estrella de aquel entonces: el tren de vapor. Fueron muchos los que se adentraron en la creación de sus propios automóviles y la sociedad, muy pendiente de de lo que ocurría, mostraba todo tipo de reacciones. Había muchos seguidores de este nuevo invento, pero también un enorme número de detractores.

Pero la evolución siguió su curso y los coches, que ni por asomo se parecían a los actuales, fueron tomando forma. En un comienzo, todo se centraba en países como Alemania o Francia, donde Benz daba el primer paso con su triciclo con motor de combustión interna, el considerado como primer coche de la historia, seguido de algunos franceses como Louis Renault o Armand Peugeot. De hecho, Francia tiene mucho que ver en nuestra historia, pues la chispa saltó durante una visita a la Exposición Universal de París de 1889. En aquella feria, un empresario original de Tarragona y afincado en Barcelona, Francesc Bonet Dalmau, vio el futuro de la movilidad, conoció un invento que lo colocaría en la historia como el primer fabricante español de automóviles.

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Bonet, como se le conoce popularmente, era un burgués catalán, ingeniero industrial y empresario del sector textil con varias patentes en su haber. Apasionado de la ópera y un tipo ambicioso, obtuvo en marzo de 1894 una patente que le concedía la exclusividad durante cinco años, para “la aplicación de motores capaces de producir energía mecánica por la fuerza expansiva de los gases desarrollados por explosiones de aire carburado mezclado con cantidades convenientes de aire natural, al movimiento de vehículos automotores, sean cuales fueren los detalles de su construcción, número de ruedas, sistema y composición de los motores, materia empleada para la carburación del aire y órganos de transmisión del movimiento“.

Como todo registro oficial, todo suena extremadamente complejo, pero se puede resumir de una forma muy sencilla: durante cinco años, sólo el empresario Francesc Bonet Dalmau, podía fabricar vehículos con motores de combustión en España. Y esto es importante, porque en España somos algo especiales y después de Bonet, no hubo nadie que pusiera interés en esta idea de vehículos con motor de combustión, sobre todo porque Bonet tenía la patente y muy seguramente, no cedería aún y a pesar de no aprovechar su hegemonía.

Las cosas son como son y la historia del automóvil en España tomó forma gracias al empresario catalán. Bonet tenía la intención de fabricar vehículos de cuatro ruedas y una transmisión por cadena y diferencial, aunque el primer coche fabricado en España terminó con tres ruedas (dos delante y una detrás) que según los historiadores, pudo haber sido motivado por la imposibilidad de encontrar a alguien que le suministrara un diferencial. Tenía más curiosidades, como una construcción totalmente rudimentaria o la increíble ausencia de dirección. Estaba animado por un motor Daimler que compró a Panhard, un monocilíndrico de 2 CV que llegaban a la rueda trasera mediante una correa.


Durante el verano de 1809 se pudo ver a Bonert circulando por las calles de Barcelona a los mandos de su curioso aparato, asombrando y asustando a ciudadanos por igual. Era un vehículo muy poco potente y era incapaz de superar suaves pendientes, aunque desde entonces, se le conoció como ‘el hombre del coche sin caballos’. Sólo existe una foto de la época de este artilugio, donde aparece el propio Bonet acompañado por Bartomeu Huguet, padre de la soprano Josefina Huguet y Eusebi Bertrand Serra, industrial, político. Hay una cuarta persona de la que se desconoce identidad, aunque se presupone que era el mecánico que ayudó a construir el triciclo, Josep Pascual.

Aquel triciclo de Bonet se perdió. Según Salvador Claret, el triciclo se vendió a un chatarrero y Bonet, con el paso de los años, arruinado y separado de su mujer, se suicidó en 1898. Sin embargo, hoy podemos disfrutar de aquel artilugio gracias al propio Salvador Claret, que mediante fotos y los planos originales del triciclo, realizó dos réplicas con la ayuda de varios artesanos. Se replicó todas y cada una de las piezas de forma artesanal. una de ellas está expuesta en el Museo de la Historia de la Automoción de Salamanca, la otra, en el Museu de l’Automòbil Col.lecció d’Automòbils Salvador Claret en Sils (Girona).