SEAT 850 Spider

SEAT, la antigua ‘Sociedad Española de Automóviles de Turismo’, es actualmente un pilar importante del grupo Volkswagen (VAG). No ha sido así siempre, ni mucho menos, la marca afincada en Barcelona ha arrastrado pérdidas durante muchos años y poco ha faltado para que los jefes de Volkswagen pusieran punto y final a su corta historia. Pero por suerte, encontraron ese botón mágico que abre la puerta hacia el éxito y SEAT comenzó a dar beneficios año tras año. Hoy, la marca española se encarga de muchos apartados dentro de VAG como el desarrollo de una nueva plataforma para coches eléctricos.

No obstante, la ‘época dorada’ de SEAT quedó muy atrás. Corrían las décadas de los 60 y 70, España vivía en una burbuja bajo el manto de Francisco Franco y las importaciones, como todos sabemos, estaban muy limitadas. Para poder contar con ciertos productos, era imprescindible fabricarlos en territorio nacional si no se quería sufrir fuertes aranceles, algo similar a lo que ocurre actualmente en China y el proteccionismo del ‘producto nacional’. En aquellos años, SEAT campaba a sus anchas sin casi competencia y gracias al acuerdo de licencia con FIAT, podía ofrecer modelo de última generación sumamente interesantes.

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Fuente de las imágenes: Wikipedia

Los coches italianos, sin importar el segmento, siempre ha contado un ligero talante deportivo y SEAT supo explotar esa característica en un mercado con pocas opciones prestacionales que además, eran bastante caras. Fue por entonces cuando SEAT se permitió el lujo de tener en catálogo un cabrio de claro enfoque lúdico y diseño arrebatador creado por Giorgetto Giugiaro, que trabaja para Bertone: el SEAT 850 Spider. Este automóvil tuvo el honor de ser el primer descapotable de la marca y se fabricó bajo licencia FIAT entre 1969 y 1972. Era pequeño, con sólo dos plazas y contaba con las típicas características de aquella época: motor de cuatro cilindros trasero refrigerado por aire con 903 centímetros cúbicos y 52 CV. Tenía un cambio manual de cuatro marchas que enviaba la potencia a las ruedas traseras y prescindía de toda asistencia que tienen hoy los coches. Y lo mejor de todo, apenas pesaba 700 kilos.

Este pequeñín era la segunda serie del FIAT 850 Spider Bertone, que ya se vendía en Italia desde 1965. Se fabricaron un total de 1.732 unidades en la Zona Franca de Barcelona y al ponerse a la venta, no había nada similar. Quizá alguno modelo de importación, extremadamente raro y muchísimo más caros y obviamente, fue el sueño de muchos aficionados al automóvil de aquella España franquista y no todos podían acceder a uno, pues su precio, hoy de auténtica risa, estaba lejos de muchos usuarios: 138.000 pesetas, unos 829 euros. Cómo curiosidad histórica, las primeras 919 unidades fabricadas empleaban piezas adaptadas de FIAT y Bertone, mientras que las restantes 813 se montaban con elementos de fabricación nacional. También existieron dos versiones de competición, con motor 1.6 de 149 CV y 1.7 de nada menos que 161 CV.

SEAT 850 Spider museo SEAT

Cuando el SEAT 850 Spider llegó al mercado, algunas publicaciones especializadas se quejaban de la poca ofertas lúdica y descapotable que un país como España, con uno de los mejores climas de Europa, tenía por entonces. Las marcas, sobre todo SEAT, se afanaban en crear modelos utilitarios que pudieran servir para todo a una cada día más pudiente clase media mientras que, como algunos decían por entonces, se iba formando un grupo de usuarios y aficionados dispuestos a tener un segundo coche. Tampoco estuvo exento de críticas el propio coche, principalmente en circulación por poblado dado que su motor comenzaba a rendir adecuadamente por encima de las 3.500 rpm. Si el conductor quería pasarlo bien, recomendaban un buen uso del doble embrague para mantener el motor en la ‘zona buena’ y debía acostumbrarse a una dirección muy sensible.

Un modelo de ensueño, que SEAT no ha vuelto a tener y que posiblemente, no tenga nunca más. Un coche, que en 2019, como el Morris Mini Minor, cumple 60 años.

Javi Martín